Danza oriental en Blanes: cuerpo, expresión y bienestar
Bailamos porque sentimos el ritmo y porque el movimiento nos permite expresar aquello que no siempre podemos explicar con palabras

La danza ha acompañado a las personas y a las comunidades desde tiempos antiguos como forma de expresión artística, celebración, encuentro y transmisión cultural.
Bailamos porque sentimos el ritmo y porque el movimiento nos permite expresar aquello que no siempre podemos explicar con palabras. Podemos movernos desde la alegría, la ternura y el disfrute, pero también desde la tristeza, la rabia, el miedo o la necesidad de recuperar nuestro espacio.
Dentro de esta manera de entender el cuerpo y el movimiento, la danza oriental ocupó un lugar significativo en la historia de ADAB.
Danza oriental y expresión corporal
La danza oriental permitió crear un espacio donde las mujeres podían explorar el movimiento, prestar atención a su cuerpo y expresarse sin necesidad de responder a un modelo corporal determinado.
Las sesiones combinaban movimientos ondulantes, desplazamientos, estiramientos conscientes y ejercicios inspirados en el yoga y el chi kung. También se prestaba atención a la movilidad de la pelvis, las caderas, los brazos y otras partes del cuerpo.
La finalidad no era ejecutar cada movimiento de manera perfecta, sino descubrir progresivamente las posibilidades del propio cuerpo, respetando el ritmo y los límites de cada participante.
Una forma de conocerse a través del movimiento
La danza puede convertirse en un lenguaje personal. Cada movimiento permite observar cómo nos sentimos, qué zonas del cuerpo mantenemos más tensas y de qué manera ocupamos el espacio.
En los talleres se trabajaban aspectos como:
- La conciencia y la coordinación corporal.
- La movilidad y la expresión mediante el gesto.
- La relación con la pelvis y el centro del cuerpo.
- La confianza para moverse sin miedo al juicio.
- La creatividad y la interpretación personal de la música.
- El disfrute compartido dentro de un grupo.
- El respeto hacia los diferentes cuerpos, edades y capacidades.
La práctica también permitía cuestionar la mirada crítica que muchas mujeres han aprendido a dirigir hacia su propio cuerpo. Frente a la exigencia de responder a determinados cánones, la danza proponía experimentar el cuerpo desde la curiosidad, la aceptación y el respeto.
Danza oriental para diferentes edades
Una de las características de las actividades de danza oriental de ADAB fue su voluntad de acoger a mujeres de distintas edades y experiencias. No era necesario haber bailado anteriormente ni disponer de una condición física específica para comenzar.
Cada participante podía adaptar los movimientos a sus posibilidades. Esta flexibilidad permitía experimentar la danza como una actividad artística, corporal y social, sin competir ni compararse con las demás.
La intuición y la personalidad de cada mujer también formaban parte del baile. No existía una única forma correcta de expresar la música: cada cuerpo podía desarrollar su propio lenguaje.
Una mirada actual sobre el cuerpo y la feminidad
En los textos originales de estos talleres se hablaba de recuperar la “esencia femenina” y de equilibrar energías masculinas y femeninas. Estas expresiones pertenecen al lenguaje utilizado en aquella etapa de ADAB.
Hoy preferimos hablar de una forma más amplia e inclusiva. No existe una única manera de ser mujer, vivir el cuerpo o expresar la feminidad. Cada persona construye su identidad a partir de su historia, su cultura, sus experiencias y sus propias decisiones.
La danza puede acompañar este proceso porque permite explorar el cuerpo sin imponer una definición previa de cómo debemos movernos, sentirnos o mostrarnos.
La danza oriental en la historia de ADAB
Los talleres de danza oriental formaron parte de una etapa en la que ADAB desarrolló numerosas propuestas relacionadas con el movimiento, la respiración, la expresión corporal y el bienestar.
A partir de 2021, esta actividad dejó de organizarse en el formato grupal anterior y pasó a ofrecerse mediante clases particulares. Actualmente recuperamos su historia como parte del recorrido de la asociación, no como una actividad abierta o con inscripciones vigentes.
Esta experiencia se relacionó con otros talleres de ADAB como la danzaterapia, la danza libre, la bioenergética, la biodanza y las propuestas dedicadas al cuerpo, la sensualidad y el poder personal.
En la nueva etapa de ADAB, el movimiento continúa teniendo un significado importante: es una forma de creatividad, bienestar, relación y encuentro entre mujeres de distintas generaciones.




