Emprendedoras: cuando varias mujeres se juntan, algo nuevo está por nacer.

Es hermoso sentir como nacen las ideas, cómo se gestan y se paren los proyectos. Emprender algo nuevo. Y es fácil, sobre todo cuando somos varias las mujeres que estamos en la misma onda.

Se habla de la «mente maestra», que se crea a partir de un grupo de personas que trabajan por un objetivo, que están relacionadas de alguna manera, y donde el beneficio de la otra persona será también el beneficio mío.

Y eso es lo que pasa en la asociación, cuando nos juntamos las mujeres emprendedoras, emerge «la mente maestra» en beneficio de todas.

Las ideas a veces llegan en soledad, y otras veces en compañía

He hecho mucho trabajo sola.  Desde niña me gustó muchísimo leer, y desde luego, ésa es una actividad solitaria. También solía estar en meditación, sin saberlo, contemplando una nube en el cielo, o cualquier cosa que llamara mi atención.

Tenía muchas ideas, que iban y venían pasando muy rápido por mi cabeza.  Quería cazarlas para verlas mejor, pues eran como mariposas revoloteando, sin parar quietas jamás.

Entonces se me ocurrió estudiar taquigrafía, con 11 añitos, para poder atrapar esas palabras voladoras.

Aunque solía sentirme feliz cuando compartía, eso no se daba muy a menudo. La verdad es que me sentía incomprendida y fuera de lugar la mayor parte del tiempo.

De la lectura a la escritura

Más tarde empecé a escribir, sobre todo lo que me pasaba por dentro. Con la escritura me di cuenta de la importancia de expresar las emociones para soltar, para sanar las heridas emocionales.

Desde muy jovencita hilvanaba las palabras y tomaban forma de poemas, relatos y hasta una novela. Algunos relatos eran tristes, otros divertidos… algunos escritos han llegado hasta aquí, otros perecieron en las mudanzas.

La novela está registrada. En principio era un guión para una película, ya que justo terminé estudios de imagen y sonido y estaba convencida que lo mío era escribir. Mi idea fue secundada por una amiga, y entre las dos escribimos un guión, que enviamos a la productora de Pedro Almodóvar. Nos contestaron que ellos hacían sus propios guiones… Más tarde  reconvertí en novela aquel guión con personajes urbanos y extraños de los 90.

Menos mal que tardé poco tiempo en darme cuenta de que no era ese mi camino, pero pasamos unas tardes inolvidables riendo, mientras hilvanábamos las escenas.

Conseguido el primer proyecto desde cero ¡Bien, el Universo conspiró a favor!

Sin dinero, emprendí varias empresas. Guiada por mi intuición (o por un «soplo divino»,  o quizá mi ángel de la guarda, aún no lo puedo precisar, mi mente necesita más datos) conseguí cosas que nunca había imaginado.

Uno de los logros alcanzados fue que logré obtener la cesión de un local en Barcelona, para montar un taller de cerámica.

Esto ocurrió de la siguiente manera: algo me susurró al oído que tenía que montar un taller de cerámica.   Me puse manos a la obra y empecé a estudiar, porque no tenía ni idea del mundo de la cerámica.

Un año después, había convencido a tres mujeres más, compañeras del segundo curso de cerámica, para que se unieran al proyecto.

Me dispuse a confeccionar un plan de empresa fantástico y maravilloso, que quedó perfecto, y donde teníamos beneficios después de dos años.

Con toda la documentación (que me trabajé solita, porque mis compañeras no acababan de creer del todo en el proyecto), entramos en el «Club de Inventores»,  contratadas  las cuatro mujeres a media jornada, para invertir todo el salario en esta iniciativa. ¡Bien!

Con el dinero que juntamos compramos dos hornos eléctricos de alta temperatura.

Nos gustaba la cerámica artística. Así que al taller le pusimos por nombre «Setze-Art», porque éramos cuatro mujeres emprendedoras, pero nos sentíamos tan valiosas como si cada una fuéramos cuatro, con lo cual hacíamos un total de 16 (setze, en catalán)

Es muy difícil tener ganancias con un taller artesanal, sobre todo cuando al segundo año nos trasladamos a un taller en el centro de Gracia, donde había que pagar alquiler.  Aquí sólo pudimos resistir un año más…

Pero fue bonito mientras duró.

Hadas, Ángeles de Colección

Este es el nombre del segundo proyecto creado desde cero, sin dinero, pero con mucho amor.

Después del taller de cerámica, entré en la aventura de la creación de un taller de pintura artesanal  de ángeles y otras figuras de escayola, marmolina, resina y durobastrina. Fue muy interesante, pero ya contaré los detalles en otro post, para no alargar éste demasiado.

Lo mejor de todo fue la unión de dos mujeres, y cómo crecimos personalmente durante el tiempo que duró el proyecto. Tengo muy buen recuerdo de los inicios, de cómo pintábamos los ángeles y los poníamos en el patio para que se secaran… parecía que iban a cobrar vida en cualquier momento, teníamos la sensación de que iban a salir volando…

Ése fue otro momento de inspiración que compartí con una mujer, y ella aceptó el reto de la creación de algo nuevo entre las dos.

Emprendedoras en Arteterapia

Con estas ocupaciones mi alma estaba  sanando, básicamente, pues hacía arte-terapia sin saberlo. Económicamente ninguno de los proyectos daba para mucho, puesto que la artesanía es pasarte horas y horas trabajando para un jornal muy escaso. Pero éramos felices todas, lo pasábamos bien, e íbamos viviendo al comercializar nuestro trabajo.

Donde más disfruté fue al trabajar con los cuatro elementos cuando hacía cerámica: jugar con la tierra,  el agua,  el aire y el fuego me hacía sentir creadora, era como hacer magia. Además de disfrutar  todo el proceso creativo, desde el diseño hasta la construcción de cada pieza (todas eran originales y únicas), estaba sanando viejas heridas.

Y luego la satisfacción de trabajar con figuras preciosas, haciendo arte, o artesanía… que no es lo mismo, pero es igual.

Hay sueños que ya se han cumplido y otros que estoy segura de que se materializarán con el tiempo.

Ahora estamos dos mujeres emprendedoras en la asociación, constituyendo una «mente maestra». Con Marta hay una conexión especial. Nos apoyamos y entendemos, a veces sin palabras. Y nos queremos bien.

Hemos creando juntas el Proyecto Mandalas por la Paz, entre otros, y eso nos une en sororidad, acercando nuestras almas.

Visión, misión y propósito

Con lo que va trayendo la Vida, antes un poco menos y ahora mucho más, siento que voy feliz recorriendo el camino y aceptando los retos. Camino que espero poder compartir con más mujeres. En estos últimos años sé que comparto con Marta Sola, compañera en la asociación, algunas fibras de mi corazón, además de valores, visiones, propósitos y proyectos coherentes.

Mi misión: la salud integral, ayudar a proporcionar mayor conciencia, bienestar y herramientas para evolucionar adaptándonos a los cambios.

Mi visión:  tener una vida sostenible, plena, desde el corazón,  acorde con los ritmos internos y con los del Cielo y la Tierra.

Mi propósito:  el aprendizaje y la enseñanza permanentes, para crecer nutriendo mente y alma.