A las mujeres sabias, independientes, algo salvajes,  y que tienen desarrollada su intuición, muchas veces se las llama brujas. La intención en este post es limpiar la palabra «bruja» de las connotaciones peyorativas que tiene, impuesto  por los siglos de patriarcado y de religión fundamentalista dominante.

Según  el diccionario de la real academia de la lengua española, bruja es la mujer que tiene pacto con el diablo y por ello poderes extraordinarios, y/o mujer fea y malvada que tiene poderes mágicos.  No se contempla que pueda ser una mujer bella, o que sus «poderes» sean fruto de su inteligencia, de su aguda observación y  de una gran intuición.

Aún hoy en día algunas sectas cristianas creen que los mandalas son símbolos satánicos, así lo proclaman … y desde luego, nada que ver. ¡Menuda inventiva que tienen algunos!  Y así también inventaron cosas como los «akelarres»…

Nuevo significado

Para nosotras, bruja tiene el significado de mujer sabia, intuitiva, independiente, salvaje, sanadora a través de las plantas, amorosa, maga, visionaria, mujer de poder, chamana… Mujeres valientes y adelantadas a su tiempo que «veían» mucho más que otras personas; probablemente dotadas de una sensibilidad especial. Podían ejercer como videntes, curanderas, hueseras, parteras, etc.

Nuestra personal reflexión:

En la Edad Media, según la Iglesia Católica, las mujeres no tenían alma… por eso eran tratadas básicamente como esclavas.  Algunas mujeres se negaban a casarse, se negaban a tener dueño, se negaban a rendirse… y las llamaron brujas.

Las brujas no eran mujeres malas, todo lo contrario: eran amorosas, generosas, despiertas, inteligentes y libres.  Se rebelaron a ser tratadas como objetos. Hicieron su propia historia: muchas conocían los secretos de las plantas; probablemente esos conocimientos se traspasaban de generación en generación,  y sabían cómo utilizarlas para sanarse y sanar a otras personas.  Esto les confería muchísimo poder, ya que una misma planta, según la dosis, tiene la capacidad de curar o de hacer enfermar… con lo que pasaron a ser temidas por algunas gentes.

Adquirieron conocimientos reservados a los hombres; algunas sabían leer y escribir, y seguramente se reunían para intercambiar información sobre plantas curativas, para celebrar… pero sobre todo, eran espíritus libres que no estaban de acuerdo con muchas de las imposiciones de la época.

Y las quemaban.  Las quemaban por ser ellas mismas, por amar libremente, por no aceptar leyes injustas ni mandatos sin argumentos, por ayudar a otras mujeres, por tener vida propia, por no someterse, por ser diferentes, por bailar y reír sin necesidad de compañía, por no enmarcarse en los cánones de belleza del momento…. a veces el simple hecho de ser pelirrojas llamaba la atención de los inquisidores.

Muchas mujeres murieron sencillamente por tener conciencia, por tener sensibilidad hacia lo invisible, por ser revolucionarias, por ser demasiado evolucionadas para la época.

Unos cinco millones de mujeres fueron ejecutadas en un período de 300 años, dedicado a la «caza de brujas» por parte de la Iglesia Católica, según algunas fuentes, según otras fueron unas 40.000.

Feminicido histórico, violencia de género perpetrada desde el poder.

¿Misoginia? ¿Miedo? ¿Abuso de poder? Quizá un poco de todo.

Las perseguían porque sabían demasiado, porque eran mujeres autónomas, porque se resistían a ser sometidas, porque eran íntegras y nadie las podía comprar. El poder patriarcal imperante hace gala de una gran hostilidad hacia la mujer. Antes y ahora.

Las «temibles» mujeres llamadas brujas, eran muchas veces ancianas que acumulaban muchas experiencias vitales, sabiduría, canas… Ahora vamos al dentista y nos pone prótesis, pero entonces las personas llegaban a ser mayores con una apariencia penosa: desdentadas, con verrugas y manchas en la piel fruto de años bajo el sol, y con grandes narices (ahora se sabe que la nariz y las orejas no paran de crecer durante nuestra vida, pero antiguamente había mucha ignorancia).

Se aliaban los poderosos contra ellas, se inventaban mentiras y a estas mujeres las quemaban porque eran un «mal ejemplo» para las otras mujeres, porque con sus ideas y su conducta «amenazaban al sistema».

Las encerraban, las torturaban para obligarlas a confesar, y claro, muchas bajo esa bestial presión muchas decían cualquier cosa que quisieran oír los otros, y al final morían en la hoguera, asfixiadas por el humo.

El témino más adecuado para aplicar a la muerte de estas mujeres  en la Edad Media, podemos denominarlo feminicidio, un verdadero crimen contra la humanidad. Porque fueron muchísimas las mujeres denostadas y asesinadas, víctimas de verdugos temerosos, crueles y sin piedad. Una parte muy oscura de la historia, que no podemos olvidar.

Recordando a Juana de Arco

Un ejemplo histórico bien conocido de una mujer acusada y ajusticiada por bruja: Juana de Arco, una joven campesina francesa, tan conectada con lo divino que recibía comunicación directa sobre cómo intervenir en las batallas para salvar al rey y a su país. La «doncella de Orleans», como la llamaron por ser virgen, comandó al ejército francés con tan sólo 18 años, ganó varias batallas… pero perdió una, y entonces aprovecharon para acusarla de herejía, condenándola a morir quemada en la hoguera, en 1491.

En 1920, casi cinco siglos después, la misma Iglesia que ordenó quemarla, la declaró santa.

Al calor de un fuego benigno

Junto a la chimenea, recordamos a las mujeres asesinadas por la Inquisición, a las asesinadas por pensar y/o actuar diferente, a las que se resisten al patriarcado, a las víctimas de la violencia de género, a las mujeres valientes de todos los tiempos.

Y lo hacemos cenando tranquilamente en el Secret de la Sue, tocando tambores, bailando, compartiendo momentos felices, sabiduría, risas, recetas, viajes… Por suerte, los tiempos están cambiando y la energía femenina resurge con más fuerza que nunca.

Es de noche, las lámparas de sal y las velas iluminan con tenue luz un ambiente cálido…   El fuego está ahora en nuestros ardientes y amorosos corazones, y en la chimenea, donde se asan las castañas y los boniatos que comemos más tarde.

Se han dicho muchas mentiras sobre las mujeres fascinantes que tienen confianza en sí mismas, portadoras de su verdad, y que son capaces de salir adelante solas, cumpliendo su misión a pesar de ir contra corriente.

 «En el mundo pues, no hay mayor pecado, que el de no seguir al abanderado…»

Hoy recordamos a todas las mujeres valientes, a las brujas de ayer, de hoy y de siempre.

Nosotras probablemente seamos descendientes de aquéllas a quiénes no pudieron quemar…

Si buscas en internet, hay información interesante, como por ejemplo la que cuenta en un vídeo la historiadora italiana Silvia Federichi,  donde habla sobre una investigación que hizo sobre el caso de las brujas de Zugarramurdi.

Ven a celebrar el Día de la Mujer