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“Ir lejos es volver” Lao-Tsé, Tao Te King

Quizás podríamos entrar a vivir más allá de los horizontes de destrucción y esclavitud que de alguna manera aceptamos como naturales y aprender la milenaria acción de sostenibilidad de la naturaleza, en la que las adaptaciones y el cambio incesante llevan al crecimiento, la interacción y la vida.

Los actuales avances tecnológicos son fruto de la integración en nuestras vidas de la teoría de la relatividad y la física cuántica, incorporadas en los planteamientos del Nuevo Paradigma de la ciencia.

Fuentes de energía limpias, relaciones integradas y equilibradas día a día, desde hace millones de años, muestran que existe la posibilidad de crecer imitando a la naturaleza, como un objeto cultural realizable y hacia el cual avanza la vanguardia científica.

La abundancia inherente a la manifestación de la vida puede comenzar a ser algo real y consciente para nosotros por el mero hecho de reconocer quiénes somos.

“Una realidad nueva quiere nacer. Una realidad que no tenga como horizonte el crecimiento material ilimitado, sino el crecimiento de lo que nos hace verdaderamente humanos y participantes en la red global de la vida. Donde podemos pasar:

de un mundo centrado en los objetos y el dinero a un mundo centrado en las personas y en el planeta
de la codicia del ego a una conciencia global y solidaria
de la inteligencia calculadora al desarrollo de nuestras múltiples inteligencias
de la visión reduccionista y fragmentadora a la visión sistémica y holística
de la organización jerárquica a la organización en red
de la sociedad industrial a nuevas sociedades sostenibles
del individualismo consumista al sentido de comunidad
de la alienación a la vida con sentido
del materialismo al postmaterialismo”

Jordi Pigem, La nueva realidad, Kairós, Barcelona 2013

“El mundo de las plantas toma parte en gran medida del ciclo del agua. Las plantas están compuestas predominantemente de agua. Un inmenso río de agua transpirada por sus estomas asciende a praderas, campos y bosques; una hectárea de bosque puede transpirar a la atmósfera, en un día de verano, hasta 40.000 litros de agua.

Es así como el mundo de los vegetales participa directamente en los grandes procesos del organismo terrestre. Constituye una fracción considerable del camino que el agua recorre sobre el globo. Por esto no podemos hablar de sistemas circulatorios autónomos en cada planta. Su corriente de savia no es sino una fracción de un sistema circulatorio del que ella misma forma parte y que continúa por un lado en la atmósfera y por otro en la tierra. Las plantas son auténticos sistemas capilares a través de los cuales el agua, verdadera sangre de la tierra, circula y efectúa intercambios con la atmósfera. Podemos decir que la tierra, la atmósfera y el mundo vegetal forman, reunidos, un vasto organismo en el que el agua circula como sangre vivificante”

Theodor Schwenk, El Caos sensible, Editorial Rudolf Steiner, Madrid 1988

Fragmentos y fotos de la exposición “Flujos vivos” (Girona 2016) del artista colombiano Luis Camargo.