Mandales per la Pau
Mandales per la Pau
Tejer también puede ser una forma de encontrarnos.
Mandales per la Pau es uno de los proyectos más representativos de la trayectoria de ADAB.
Nació desde la creatividad, pero con el tiempo se convirtió en algo mucho más amplio: un espacio de encuentro entre mujeres, una forma de trabajar la atención y la calma, una herramienta de participación comunitaria y un símbolo compartido de paz, igualdad y conexión entre generaciones.
A lo largo de los años, los mandales han acompañado distintas etapas de ADAB, distintos territorios y muchas formas de participación.
Hoy vuelven a ocupar un lugar central en esta nueva etapa de la asociación.
Un proyecto que nace de las manos
Los mandales tejidos se construyen poco a poco, uniendo lanas, colores y formas alrededor de una estructura sencilla.
El proceso requiere atención, paciencia y presencia.
No se trata solo del resultado final.
Mientras las manos trabajan, también se crea un espacio para conversar, compartir, aprender y estar con otras personas.
Por eso, desde sus primeras etapas, ADAB entendió que los mandales podían ser mucho más que una actividad manual.
Podían convertirse en una forma de encuentro.
Mandales por la paz y la igualdad
El proyecto fue creciendo hasta adquirir una dimensión propia vinculada a la paz, la igualdad y la participación social.
A través de talleres, exposiciones, actividades públicas y acciones comunitarias, los mandales fueron saliendo de los espacios habituales para convertirse en una forma de expresión colectiva.
Se tejieron en grupo, se compartieron en calles, bibliotecas, encuentros, exposiciones y actividades vinculadas a las mujeres y a la igualdad.
Cada pieza era diferente.
Y, al mismo tiempo, todas formaban parte de una misma idea: crear juntas algo que nos conectara.
Una historia de más de diez años
Mandales per la Pau no es una actividad reciente.
Forma parte de la historia de ADAB desde hace más de una década.
Durante este tiempo el proyecto ha ido tomando formas diferentes: talleres de iniciación, encuentros abiertos, exposiciones, acciones vinculadas al 8M, actividades en distintos municipios y propuestas desarrolladas tanto de forma presencial como online.
Algunos momentos han tenido más continuidad que otros, pero el proyecto ha permanecido como uno de los hilos que conectan las diferentes etapas de la asociación.
Por eso hoy no queremos recuperar los mandales como si empezáramos de nuevo.
Queremos continuar una historia que ya existe.
De Blanes a Verdú
Blanes forma parte del origen y del recorrido histórico del proyecto.
Allí se desarrollaron muchas de las primeras actividades, talleres, exposiciones y acciones públicas vinculadas a Mandales per la Pau.
Con el paso del tiempo, el proyecto ha viajado, se ha compartido en otros espacios y ha encontrado nuevas comunidades.
En esta nueva etapa, Verdú se ha convertido en un lugar especialmente significativo para su continuidad.
Los encuentros actuales permiten volver a tejer, compartir y generar comunidad desde un territorio nuevo, sin perder la memoria de todo lo vivido anteriormente.
Así, el proyecto conecta pasado y presente.
Tejer entre generaciones
Una de las dimensiones que hoy adquiere especial importancia es la mirada intergeneracional.
Muchas de las mujeres que han formado parte de ADAB durante años conservan conocimientos, experiencias y formas de hacer que tienen un enorme valor.
Al mismo tiempo, llegan nuevas generaciones con otras miradas, necesidades y maneras de relacionarse.
Los mandales pueden convertirse en un espacio sencillo donde ambas cosas se encuentran.
No se trata de que unas enseñen y otras aprendan.
Se trata de compartir.
De transmitir técnicas, historias, conversaciones, maneras de mirar el mundo y, al mismo tiempo, dejar espacio para que todo ello evolucione.
Tejer juntas también puede significar tejer generaciones.
Crear, concentrarnos, compartir
La práctica de los mandales invita a bajar el ritmo.
Elegir colores.
Seguir una secuencia.
Repetir movimientos.
Observar cómo poco a poco aparece una forma.
Para algunas personas puede ser simplemente una actividad creativa.
Para otras, un momento de concentración.
Para otras, una oportunidad para conversar o compartir tiempo con otras mujeres.
No buscamos que todas las participantes vivan la experiencia de la misma manera.
El valor del proyecto está precisamente en permitir diferentes formas de participar.
Un proyecto comunitario
Mandales per la Pau se ha construido gracias a muchas personas.
Mujeres que han participado en talleres.
Voluntarias que han mantenido vivo el proyecto.
Personas que han enseñado técnicas.
Entidades que han cedido espacios.
Asociaciones y municipios que han colaborado en actividades y exposiciones.
Y mujeres que simplemente se han sentado alrededor de una mesa y han empezado a tejer.
Esa dimensión colectiva es una parte esencial del proyecto.
Porque un mandal puede hacerlo una sola persona.
Pero Mandales per la Pau solo existe cuando se convierte en comunidad.
Los mandales en la nueva etapa de ADAB
Hoy el proyecto forma parte de la nueva identidad de ADAB – Associació de Dones, Art i Benestar.
Encaja de forma natural en los tres ámbitos que queremos seguir desarrollando:
Arte, porque nace de la creatividad.
Bienestar, porque ofrece un espacio de atención, concentración y tiempo compartido.
Comunidad, porque se construye alrededor del encuentro y la participación.
Y añade además una dimensión que queremos reforzar durante los próximos años: la conexión entre generaciones.
Participar
Los encuentros de mandales forman parte actualmente de la programación de actividades de ADAB.
No hace falta experiencia previa.
Cada persona puede empezar desde su propio ritmo y aprender progresivamente.
Las próximas fechas, horarios y condiciones de participación se pueden consultar en nuestra página de Actividades.
Una historia que seguimos tejiendo
Mandales per la Pau no es únicamente una colección de piezas tejidas.
Es también una colección de encuentros, conversaciones, territorios, mujeres y momentos compartidos.
Cada mandal conserva algo de quien lo ha tejido.
Y cada etapa del proyecto conserva algo de las mujeres que han formado parte de ella.
Después de más de diez años, seguimos tejiendo.
Pero ahora lo hacemos desde una nueva etapa, con nuevas preguntas, nuevos territorios y nuevas generaciones.
Seguimos tejiendo paz, creatividad y comunidad.