El Arte Zen

El deseo fundamental del artista zen es atrapar el espíritu en movimiento. Nunca se esfuerza en copiar la realidad, puesto que su actividad es ante todo creación.

En el arte zen, los artistas utilizan para designar su actividad el término asobi, que significa propiamente “juego”, y como tal, incluye el canto, la danza, el teatro No^, la música, el tiro con arco, la disposición de las flores, la poesía, la pintura, la ceremonia del té, la jardinería y la esgrima.

Hasta hace pocos decenios no existía en Japón una palabra concreta para designar el Arte (lo mismo que en la Grecia clásica donde téchne valía tanto para el Arte como para la técnica.

Las cosas son perfectas cuando son inevitables, cuando son libres manifestaciones del espíritu

El arte zen implica un arte de lo natural, de la simplicidad… la técnica artística zen es disciplina en la espontaneidad y espontaneidad en la disciplina.

La verdadera belleza sólo puede descubrirla el que mentalmente hace perfecto lo imperfecto. Y se evita la simetría porque ella expresa, no solamente la idea de lo perfecto, sino también la de la repetición (una expresión o un gesto no vale dos veces, ni vive dos veces).

Las cosas son perfectas cuando son inevitables, cuando son libres manifestaciones del espíritu, como el olor de las flores que resplandecen en una mañana de otoño, una bandada de palomas bajo un cielo que amenaza tempestad, el ruido de una cascada invisible en el crepúsculo… es un deseo de habitar la vida en su sentido más profundo y más vivo.

Poesía Zen: el Haikú i el Haikai

En la poesía descubrimos con mayor facilidad esa “soledad eterna” o “participación universal” inherente al arte zen.

Se suele diferenciar en cuatro momentos específicos: sabi o tranquila soledad; wabi o el reconocimiento de las cosas normales; aware o el eco del pasado dándole resonancia; y yugen, o la percepción misteriosa del sentido de las cosas.

El sabi se produce cuando el ambiente del momento está rodeado por la soledad y la paz, como en estos haikú:

En la rama seca
Está posado un grajo.
La tarde de otoño.

Con la brisa de la tarde,
De nuevo el agua
Lame la pata de la garza.

Cuando el artista está triste y se encuentra en un estado de vacuidad sensorial, entonces percibe algo ordinario y sin pretensión en su increíble naturalidad, se produce el estado de wabi:

El pico se oculta
En el mismo sitio.
Ha acabado un día.

La desolación del invierno.
En los charcos de lluvia
Saltan los gorriones.

Si el instante evoca una tristeza más intensa y más nostálgica, se llama aware:

Hojas cayendo
Yaciendo sobre otras.
La lluvia golpea la lluvia.

Y cuando la visión es la repentina percepción de una cosa misteriosa y extraña se produce el estado de espíritu yugen:

Una flor caída
Volviendo a la rama.
¿Será una mariposa?

Los poemas zen contienen asuntos de carácter emocional, con suave melancolía. La nostalgia, la añoranza, la fugacidad del tiempo y de la vida suelen ser los sentimientos que se ponen en juego.

Un haikú exige concentración, intensidad de visión, sentimiento y elipsis. El poema pretende actuar como una piedra lanzada en el estanque de la mente del que lo escucha o lee. Es poesía vivida, experiencia poética recreada, invitando a participar más que a quedar mudo de emoción, en tanto que el poeta desaparece de la escena.

El antecedente del haikú es el haikai, que a veces consta de tan sólo dos versos lacónicos y directos. Esa elocuencia silenciosa, ese descubrir algo grande en las cosas pequeñas, son su tema:

Mi tejado y mi casa han ardido;
Ya nada me oculta la luna que brilla.

El fuego no espera al sol para estar caliente
Ni el viento a la luna para estar frío.

Los jardines y el ikebana

… Los jardines japoneses no pretenden someter el paisaje a una armonía racional, sino hacer del jardín un microcosmos de la inmensidad natural. Las piedras esparcidas en la arena sirven para subrayar la ausencia de algo, para ofrecer la presencia del “vacío” como algo positivo y no negativo.

Sobre el ikebana o arte de disponer las flores, los arquetipos son la pobreza, la simplicidad, y la irregularidad, tratándose más de de su disfrute y de la actitud en relación a ellas, que de su disposició, ordenación y manipulación.. El perfecto amante de las flores es el que las visita en sus lugares de origen.

“Permanecer en la sabiduría inmutable”, en contacto con el inconsciente.

“Un hombre le pregunta a otro de dónde viene. Éste responde que de la montaña. -¿Y qué has visto en ella?-vuelve a preguntar el primero. -Cualquier cosa que te dijera pasaría por alto lo esencial, es la respuesta del hombre que viene de la montaña.”

La utilidad del Zen sólo se manifiesta a los hombres que son verdaderos viajeros, es decir, los que en palabras de Baudelaire “parten por partir”.

Del libro “INTRODUCCION AL BUDISMO ZEN”, Mariano Antolín/Alfredo Embid

Para saber más:

http://www.mundosophia.com/la-filosofia-zen/