Conoce los 12  principios de la filosofía Zen para vivir en paz y armonía contigo misma y con los demás.

Vive el aquí y ahora

Nos pasamos el día viajando del pasado al futuro, lo que hace que nos perdamos lo único que en realidad tenemos: el aquí y ahora.

Solo tenemos el presente. El pasado son recuerdos, que pueden no ser exactos, y el futuro está en nuestra imaginación. La práctica Zen y la meditación son poderosos aliados para permanecer en el presente.

Presta total atención a lo que haces

Pasamos de un pensamiento a otro con tremenda velocidad, apenas teniendo consciencia de ellos… Tenemos que aprender a focalizarnos, prestar más atención, y hagamos lo que hagamos, centrarnos en ello.

Acéptate y ámate como eres

Los grandes cambios deben comenzar desde dentro: para amar a los demás, primero hay que amarse y aceptarse a una misma.

Sé fiel a tus sentimientos

Sigue a tu corazón, las emociones son una guía para alinear acciones y propósito de vida. Sigue a tu intuición. La fidelidad a tu propia esencia, y la confianza son los pilares de la filosofía Zen.

Conducta pura

Para alguien que practica Zen, la pureza es fundamental. Ser impecable con una misma: impecabilidad del cuerpo, del habla y de la conducta mental. Somos un todo.

Hay que aprender a soltar

Para recorrer el camino de la Vida, nuestra mochila debe llevar lo esencial. Si algo nos hace daño, o nos frena en el camino, hay que soltar, dejar que se vaya, o apartarlo.

Tranquilidad

El mundo va a una velocidad que no es la más adecuada para la felicidad del ser humano. Se nos obliga a correr física y mentalmente en todo momento, violentando nuestra propia naturaleza.

Para la filosofía Zen, tranquilidad es no usar la violencia verbal o física, relajar la mente; eso ayuda a tener una vida más sosegada.

Aprender a fluir

La Vida es cambio constante, no hay nada seguro, por lo que nuestra capacidad de adaptación a los cambios es fundamental. La flexibilidad y la fluidez son  básicas para el Zen.

Sigue tu propósito en la Vida

Debemos desarrollar nuestra misión, nuestro propósito vital, y entender cómo somos y cuáles son nuestros límites. Tener una dirección, un objetivo, nos ayuda a centrarnos.

Honestidad

Sé honesta a través del autoconocimiento. Conocernos mejor para darnos estabilidad interna, equilibrio. La honestidad es un valor que abre puertas, que permite crear mejores relaciones con los demás y con nosotras mismas.

Acepta tus responsabilidades

Nuestras decisiones han de tener en cuenta a nuestro entorno: un universo mejor es posible, y elevando el nivel de conciencia haremos de este mundo un lugar en paz y más feliz. Aceptemos la responsabilidad que nos toca.

Encuentra la paz interior

A través de la conexión con tu esencia podrás acercarte a ese estado. Hay que domar a nuestra mente para que la paz interior reine en nuestra vida. La tranquilidad interna solo depende de nosotras.

La filosofía Zen nos ayuda a vivir mejor, y en paz, con una misma y con la Vida.

CUENTO ZEN: EL HELECHO Y EL BAMBÚ

Aquel día Kishiro decidió darse por vencido y renunció a su trabajo, a su relación, a su vida…

Fue al bosque, para hablar con un anciano que decían era muy sabio, y le preguntó: -¿Podría darme una buena razón para no darme por vencido?

-Mira a tu alrededor -respondió el anciano- ¿Ves el helecho y el bambú?

-Sí, respondió Kishiro

-Cuando sembré las semillas del helecho y el bambú, las cuidé bien. El helecho rápidamente creció. Su verde brillante cubría el suelo. Pero nada salió de la semilla de bambú. Sin embargo no renuncié a él. 

Durante el segundo año, el helecho creció brillante y abundante, y nuevamente, nada creció de la semilla de bambú. Pero no renuncié al bambú. Al tercer año, aún nada brotó de la semilla de bambú. Pero no renuncié. En el cuarto año, nuevamente, nada salió de la semilla de bambú. Al quinto año, un pequeño brote de bambú se asomó en la tierra. En comparación con el helecho era, aparentemente, muy pequeño e insignificante. El sexto año, el bambú creció más de 20 metros de altura. Se había pasado cinco años echando raíces que lo sostuvieran. Aquellas raíces lo hicieron fuerte y le dieron lo que necesitaba para sobrevivir.

-¿Sabías que todo este tiempo que has estado luchando, realmente has estado echando raíces? -Le dijo el anciano- El bambú tiene un propósito diferente al del helecho, sin embargo, ambos son necesarios y hacen del bosque un lugar hermoso.

Nunca te arrepientas de un día en tu vida. Los buenos días te dan felicidad. Los malos días te dan experiencia. Ambos son esenciales para la vida. La felicidad te mantiene dulce, los intentos te mantienen fuerte, las penas te mantienen humano, las caídas te mantienen humilde, el éxito te mantiene brillante…

Si no consigues lo que anhelas, no desesperes… quizá sólo estés echando raíces…