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Creencias potenciadoras – Pensamientos que favorecen nuestra autonomía

Mucho más que afirmaciones positivas

Las creencias son ideas que damos por ciertas sobre nosotras mismas, sobre las demás personas y sobre cómo funciona el mundo.

Muchas se forman a partir de la educación, la familia, la cultura y nuestras experiencias. Algunas pueden ayudarnos a avanzar y otras pueden limitarnos.

Hablamos de creencias potenciadoras cuando una idea nos ayuda a actuar con más confianza, autonomía, flexibilidad o capacidad de decisión.

No son verdades absolutas ni fórmulas mágicas.

Son formas de interpretar nuestra experiencia que pueden influir en cómo pensamos y actuamos.

Observar nuestro diálogo interno

A veces repetimos frases sin darnos cuenta:

“No puedo.”

“Siempre lo hago mal.”

“Si digo que no, dejarán de quererme.”

“Tengo que cuidar de todo el mundo.”

Cuando estos pensamientos aparecen una y otra vez pueden influir en nuestras decisiones.

Por eso puede ser útil detenernos y preguntarnos:

  • ¿De dónde viene esta idea?
  • ¿Sigue siendo válida para mí?
  • ¿Me ayuda o me limita?
  • ¿Qué evidencias tengo de que sea cierta?
  • ¿Podría formularla de una manera más realista y amable?

De una creencia limitante a una alternativa más útil

Cambiar una creencia no significa obligarnos a pensar positivamente.

Por ejemplo:

“No soy capaz de hacerlo.”

puede transformarse en:

“No sé hacerlo todavía, pero puedo aprender.”

O:

“Tengo que agradar a todo el mundo.”

puede convertirse en:

“Puedo respetar a otras personas sin renunciar a mis propios límites.”

La diferencia es importante.

Una creencia potenciadora no debería negar la realidad. Debería ayudarnos a afrontarla con más recursos.

¿Sirven las afirmaciones?

Escribir o repetir determinadas frases puede servir como recordatorio de aquello que queremos practicar.

Pero una afirmación no cambia nuestra vida por sí sola.

Tiene más sentido cuando está acompañada de pequeñas acciones coherentes.

Por ejemplo:

“Tengo derecho a poner límites.”

puede ir acompañado de practicar cómo decir que no.

“Puedo confiar más en mis decisiones.”

puede implicar empezar a tomar pequeñas decisiones sin pedir constantemente aprobación.

La frase puede ayudarnos a recordar la dirección.

El cambio se construye mediante la experiencia.

Ejemplos de creencias potenciadoras

Podemos elegir frases que resulten realistas y útiles para nuestro momento vital.

Por ejemplo:

  • Tengo derecho a expresar lo que necesito.
  • Puedo decir que no sin dejar de respetar a la otra persona.
  • Mi opinión merece ser escuchada.
  • No tengo que resolver los problemas de todo el mundo.
  • Puedo pedir ayuda cuando la necesito.
  • Equivocarme forma parte del aprendizaje.
  • Puedo cambiar de opinión.
  • Mi valor no depende únicamente de la aprobación de otras personas.
  • Puedo cuidar a otras personas sin olvidarme de mí.
  • Tengo derecho a mantener mis propios espacios.
  • Puedo aprender a establecer límites.
  • No necesito tener todas las respuestas.
  • Puedo tomar decisiones aunque sienta incertidumbre.
  • Mis necesidades también importan.
  • Puedo construir relaciones basadas en la reciprocidad.
  • Tengo derecho a descansar.
  • Puedo reconocer mis dificultades sin definir todo mi valor por ellas.
  • Puedo aprender de mis errores sin castigarme por ellos.
  • Soy responsable de mis decisiones, no de las decisiones de otras personas.
  • Puedo avanzar a mi propio ritmo.

Creencias y Proyecto EMIN

Dentro del Proyecto EMIN, revisar nuestras creencias puede ayudarnos a comprender determinadas ideas que hemos aprendido sobre el amor, el cuidado, la pareja o el papel de las mujeres.

Por ejemplo:

“Si me quiere, cambiará.”

“Una buena pareja debe aguantarlo todo.”

“Estar sola significa haber fracasado.”

“Tengo que cuidar a los demás antes que a mí misma.”

Preguntarnos de dónde vienen estas ideas y si queremos seguir viviendo de acuerdo con ellas puede abrir un espacio de reflexión importante.

También conecta con la mirada transgeneracional de ADAB: algunas creencias se transmiten dentro de las familias y de la cultura sin que apenas nos demos cuenta.

Comprenderlas no significa culpar a generaciones anteriores.

Significa decidir qué queremos conservar y qué queremos transformar.

Una pequeña práctica

Puedes elegir una frase que aparezca con frecuencia en tu diálogo interno.

Escríbela.

Después pregúntate:

¿Es un hecho o una interpretación?

¿De dónde la aprendí?

¿Cómo influye en mis decisiones?

¿Qué alternativa sería más realista y respetuosa conmigo?

Y, finalmente:

¿Qué pequeña acción puedo hacer hoy que sea coherente con esa nueva idea?

Las creencias pueden cambiar.

Pero normalmente no cambian porque nos obliguemos a pensar de otra manera, sino porque empezamos a vivir experiencias que nos permiten construir otras posibilidades.

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