
Mandalas por la Paz: una historia de mujeres, arte, pausa y renacimiento
Los mandalas tejidos forman parte de la historia de ADAB desde hace más de una década. Lo que comenzó como una práctica artesanal y creativa fue transformándose con el tiempo en una herramienta de encuentro, de expresión colectiva y de participación comunitaria.
A lo largo de los años, esta práctica fue tomando distintas formas y nombres: Mandalas por la Paz, Mandales per la Pau y Mandalas por la Paz y la Igualdad. Distintas maneras de nombrar una misma idea: utilizar el arte, el tejido y el trabajo compartido para crear espacios de calma, convivencia, igualdad y comunidad.
Un proyecto profundamente ligado a la historia de ADAB
Cuando nació este proyecto, ADAB era la Associació de Dones Artesanes de Blanes.
Y probablemente no haya muchos proyectos que expliquen mejor aquella identidad.
Eran mujeres que se reunían para crear con las manos, compartir conocimientos y construir comunidad. El tejido de mandalas encajaba plenamente con aquella esencia: mujeres, artesanía, creatividad y vínculo.
Con el paso de los años, el proyecto fue creciendo. Los mandalas dejaron de ser únicamente piezas artesanales y pasaron a formar parte de exposiciones, acciones en el espacio público, centros educativos, actividades comunitarias y propuestas relacionadas con la paz y la igualdad.
Por eso, Mandalas por la Paz no se presenta hoy como una actividad aislada, sino como uno de los proyectos que mejor enlaza la antigua Associació de Dones Artesanes de Blanes con la actual Associació de Dones, Art i Benestar.
La antigua denominación explica muy bien de dónde venimos.
La nueva explica hacia dónde queremos ir.
De la artesanía al arte y al bienestar
La evolución del propio nombre de ADAB refleja también una evolución interna.
La artesanía sigue presente, pero ahora entendemos el arte de una manera más amplia: como creación, expresión, encuentro y herramienta de transformación.
Y el bienestar tampoco lo entendemos únicamente como sentirse bien.
Para nosotras tiene que ver con conocernos, escucharnos, atravesar procesos vitales, revisar lo aprendido, soltar aquello que ya no nos sirve y encontrar nuevas formas de estar en el mundo.
En ese sentido, los mandalas tejidos han ido creciendo con nosotras.
2022–2024: una pausa necesaria
Entre 2022 y 2024 la actividad pública de ADAB disminuyó.
Pero con la perspectiva que da el tiempo, quizá no deberíamos interpretar aquel periodo como un silencio.
Muchas de las mujeres que hemos sostenido la asociación durante años estamos hoy en una etapa de la vida que comienza a partir de los 60.
Y cada una, por diferentes motivos, necesitó tiempo.
Tiempo para mirar hacia dentro.
Tiempo para afrontar procesos personales.
Tiempo para evolucionar.
No hablamos únicamente de “crecimiento personal” en el sentido más habitual de la expresión, sino de algo más profundo: revisar nuestra propia historia, comprender lo vivido y darnos el espacio necesario para poder continuar de otra manera.
Durante un tiempo dejamos de mirar tanto hacia fuera para poder mirarnos hacia dentro.
Y quizá esa pausa era necesaria.
Porque no se puede acompañar, crear comunidad o construir nuevos proyectos sin preguntarse antes desde dónde queremos hacerlo.
Resurgir con otra mirada
Hoy sentimos que aquella etapa nos ha permitido volver con más claridad.
No para repetir exactamente lo que hacíamos antes, sino para recuperar lo que tenía sentido y transformarlo.
La nueva ADAB conserva la experiencia de las mujeres que llevan muchos años construyendo la asociación, pero cuenta también con la energía, las preguntas y las nuevas perspectivas de mujeres más jóvenes.
Y ahí aparece uno de los conceptos que queremos trabajar con más profundidad en esta etapa:
lo transgeneracional.
Mujeres de distintas generaciones
Cada generación recibe una herencia.
Recibimos maneras de entender la familia, el trabajo, las relaciones, el cuidado, el papel de las mujeres, los miedos, las obligaciones y también las fortalezas.
Algunas cosas queremos conservarlas.
Otras necesitamos revisarlas.
Y otras quizá debamos transformarlas para que las siguientes generaciones puedan vivir de otra manera.
La presencia de mujeres de distintas edades dentro de ADAB nos permite abrir ese diálogo.
No queremos que las mujeres mayores expliquen a las jóvenes cómo deben vivir.
Ni que las jóvenes consideren que todo lo anterior debe dejarse atrás.
Queremos crear espacios donde podamos escucharnos entre generaciones, comprender de dónde venimos y decidir juntas qué queremos llevar hacia el futuro.
En cierto modo, un mandala tejido representa también esa idea.
Cada hilo viene de un lugar distinto.
Cada color aporta algo diferente.
Pero todos forman parte de una misma estructura.
Verdú: una nueva etapa para los mandalas
En 2025 y 2026 los mandalas tejidos han encontrado en Verdú un nuevo lugar donde continuar su historia.
Los talleres han permitido recuperar la técnica, compartirla con nuevas personas y volver a crear alrededor de una mesa.
Pero el proyecto ha vuelto también al espacio público.
Mandalas por la Paz y la Igualdad en el 8M
Con motivo del 8 de Marzo, ADAB participó en la cena organizada por la Associació de Dones Argila de Verdú.
Para la ocasión realizamos una exposición de mandalas tejidos que sirvió para decorar el Castillo de Verdú, donde se celebró la cena.
Fue una manera especialmente simbólica de recuperar una dimensión histórica del proyecto: relacionar los mandalas no sólo con la paz, sino también con la igualdad, la presencia de las mujeres y la creación colectiva.
Teixim mandales a la fresca
Durante 2026 impulsamos también en Verdú “Teixim mandales a la fresca”, una actividad abierta que fue publicada asimismo por el Ayuntamiento de Verdú.
El objetivo iba más allá de realizar un taller.
Queríamos animar a participar en la elaboración de mandalas tejidos para colaborar en la decoración de las calles durante el Bacus 2026.
Tejer juntas al aire libre convirtió nuevamente el proceso creativo en una actividad comunitaria.
Bacus 2026: los mandalas vuelven a la calle
El trabajo realizado durante los talleres tuvo continuidad durante el Bacus.
ADAB compartió con Xiroia Teatre de Verdú la tarea de engalanar la calle Arquebisbe Terès, incorporando los mandalas tejidos a la decoración.
Y ahí volvimos, de algún modo, al origen.
Piezas individuales que se unen.
Personas que crean por separado pero construyen juntas.
El arte que sale del taller y ocupa la calle.
Un hilo que atraviesa generaciones
Cuando miramos la historia de Mandalas por la Paz, vemos algo más que una sucesión de talleres.
Vemos mujeres que han compartido conocimientos.
Mujeres que han atravesado distintas etapas de su vida.
Mujeres que han necesitado detenerse.
Mujeres que vuelven.
Y mujeres más jóvenes que empiezan ahora a formar parte de esta historia.
Quizá ése sea uno de los sentidos que queremos dar hoy a ADAB.
No empezar de cero.
Tampoco quedarse ancladas en lo que fuimos.
Sino recoger los hilos de nuestra historia, comprenderlos y volver a tejerlos desde el presente.
Porque cada generación aporta algo.
Y cuando esos hilos se encuentran, aparece una forma nueva.
Eso es lo que queremos seguir haciendo con Mandalas por la Paz.
Y, en realidad, eso es también lo que queremos seguir haciendo con ADAB.

